Es un momento tan poético el que vivo…
Dos palomas atolondradas buscan su banco en este parque de tejados.
Los trapos, que hace un momento danzaban malditos,
detenidos, se preguntan si atardece.
Poso la mirada en ese aleteo incesante de gaviota
remontando hacia el parque del Carmelo.
Hay un ruido de motor, pero muy de lejos.
Los domingos la ciudad descansa
y desde la terraza se oye el trajín del aeropuerto.
Una nube pestilente acecha el panorama,
pronto me he de resguardar.
Desciende el púrpura.
A lo lejos, una batalla de nubes.
Imagínese otro mundo.
El humo va tragándose el añil.




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