Hay unas vecinas en el piso de enfrente, el tercer piso para ser exactos. Una luz tenue en su balcón ilumina sus siluetas y aparecen fumando y hablándose la una a la otra; en el piso de arriba abren la ventana, un hombre se inclina sobre la barandilla y escudriña en las sombras el paisaje. Tiene novia…dice la chica en el piso de abajo, ahora aparecen sentadas, sus sombras se muestran majestuosas contra la pared pálida. Es verano; esta escena lo refleja plenamente. Me entran deseos de desnudarme. Nos imagino en ese balcón, sentados semidesnudos, disfrutando de una pausa antes de volver a hacer el amor. Con suerte, mañana no trabajaría; pienso en qué verano podrá ser así. Hay un ruido incesante, como de ventiladores. Hoy, cuando subí a la terraza con guillaume, la ciudad parecía un hormiguero bello y repugnante, una plaga que se desplegaba hacia arriba de las montañas y hasta el mar. Ríen. Yo río en silencio de la dicha. En realidad, todo cuanto he escrito en esta página, es como un comentario larguísimo en una conversación nuestra, interminable.




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